viernes, 2 de enero de 2015

Nuevo


Quem teve a ideia de cortar o tempo em fatias,
a que se deu o nome de ano,
foi um individuo genial.
Industrializou a esperança,
fazendo-a funcionar no limite da exaustão.
Doze meses dão para cualquier ser humano se cansar
e entregar os pontos.
Aí entra o milagre da renovaçao
e tudo começa outra vez, com outro número
e outra vontade de acreditar
que daqui para diante tudo vai ser diferente.

Para você, desejo o sonho realizado,
o amor esperado,
a esperança renovada.

Para você, desejo todas as cores desta vida,
todas as alegrias que puder  sorrir,                              
todas as músicas que puder emocionar.

Para você, neste novo ano,
desejo que os amigos sejam mais cúmplices,
que sua família seja mais unida,
que sua vida seja mais bem vivida.

Gostaria de lhe desejar tantas coisas...
Mas nada seria suficiente...

Então desejo apenas que você tenha muitos desejos,
desejos grandes.

E que eles possam mover você a cada minuto ao rumo da sua felicidade.


Carlos Drummond de Andrade


miércoles, 24 de diciembre de 2014

BuenaNoche


Buenas Noches a tod@s, donde quiera que estén...



viernes, 19 de diciembre de 2014

Asolados



El mundo gira y a cada paso que da, borra por detrás e inaugura por delante. Vamos a tanta velocidad que pasamos de puntillas, casi subrepticiamente, sobre los asuntos del día. Acontecimientos que le acontecen a otro. Fatalidades que se desprenden sobre ajenos. Rayos certeros que fulminan en el acto la vida de anónimos vecinos.

Me arrojo a las calles y el bullicio se hace notar de inmediato. Luces de colores cuelgan del techo oscuro de las calles. Transeúntes por centenas, que se disputan cada centímetro cuadrado, que chocan conmigo sin darse cuenta y unos con otras, que pugnan por el mejor lugar ante el escaparate, por una primera línea en la gran maratón que nos lleva de aquí para allá, como si fuésemos restos del naufragio a merced de las olas.

Me parecen todos ellos, apiñados en turbamulta, solitarios náufragos, asolados en la soledad de su isla.

El mundo se ahoga. Me remito a los diarios.

Un pesquero pequeño, con tres tripulantes a bordo, pone rumbo a casa con la barriga llena y la faena cumplida. Aquí y allá fueron rascando las rocas de la costa, para extraer la semilla del mejillón que plantarán después en cuerdas, hasta verla crecer. Una ola precisa, que se forma en el momento justo, que llevaba aguardando por ellos toda la eternidad, los embiste de lleno por el lateral y los manda al tan melancólico fondo del mar. Se recuperan trozos, retales, detalles de lo que algún día fueron y nunca más serán. El cuerpo del patrón aparece flotando a unas cuantas millas de distancia, rendido a la lucha sin cuartel, aterido, empapado, ahogado.

Sus compañeros, tampoco volverán a casa por Navidad.

Una chalupa, amasijo de desechos, cruza el estrecho como quien se lo juega todo a la ruleta rusa. Hasta que la tierna embarcación desiste de su cometido y cede a su destino, que no es otro que el tan melancólico fondo del mar.

Han contado las autoridades hasta ocho cadáveres de bebés, que tampoco volverán a casa por Navidad, que no tienen nombre, que se han ahogado mucho tiempo antes de que el agua comenzase a inundar el interior de su cuerpecito.

Nos estamos ahogando, pero no nos damos cuenta. Nos volvemos inmunes. Todo pasa. Nada pesa lo suficiente. Se agotaron las palabras.

Tuerzo la calle a contrapié. Camino aturdido tal que si fuera un peregrino sin camino cierto bajo los pies. Agacho la cabeza, me contraigo, aguardo el envite de la ola que tarde o temprano habrá de borrarnos del tablero...

Háganme caso, abandonen lo que quiera que estén haciendo y aprendan a respirar en el fondo del mar cuanto antes: no los olviden, no lo permitan.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Familia



Hablaba Ángel González, el hombre hecho de poesía, de la enloquecida fuerza del desaliento…Esa misma que nos ha traído hasta aquí, por los siglos de los siglos.

Hoy, Noviembre 2014, echo la vista atrás.

Tomo en brazos el pequeño ser que es mi sobrina. La espío atentamente mientras va descubriendo a cada gesto un trazo del mundo. Reparo en la cuidadosa mirada que dedica al pequeño reino que compone su alrededor; la viveza exterior que va calando de colores el blanco lienzo interior.

Cuando los días pesen en el haber y la vida se abra camino en sus inescrutables bifurcaciones y retruques, quizá también ella tome en brazos un trozo desprendido de su propio ser y se maraville con la viveza y la sorpresa del que todo lo descubre por primera vez. Para esos nuevos protagonistas, yo seré el hermano de su abuela, alguien ajeno, distante, incierto…

Pienso en el hermano de mi abuelo M., que murió fusilado en las postrimerías de la guerra civil, en el mismo prado, ya transformado en instituto, donde muchos años después yo jugué al baloncesto. Pienso en su hermano A., que se marchó desmemoriado y dando paseos por una ciudad que ya no reconocía…

Pienso en sus descendientes respectivos, y tengo que hacer esfuerzos para ubicarlos aquí y allá en el mapa. Apenas sabría decirles a ustedes. Recuerdo, por ejemplo, en el primer curso en la universidad, haber buscado en mi aula un rostro conocido y familiar, porque me habían dicho que la nieta de A., compartía mi vocación por la ciencia de la vida. Tardé unos cuantos días en dar con ella…

Tomo el teléfono móvil, indago en el archivo y compruebo que ya no conservo su número. Tampoco localizo ningún otro de los descendientes de los hermanos de mi abuelo. Atesoro, sí, un lejano y vago recuerdo en blanco y negro, los dos hermanos, M. y A. sentados a ambos lados de su madre, mi bisabuela, a la que no conocí y con la que al parecer de algunas comparto rasgos inequívocos. El trío está rodeado de una extensa familia a punto de expandirse en todas direcciones, como si los impulsase un pequeño big bang. La fuerza de la vida.


Tendemos a la dispersión. Desde que fraguamos en un minúsculo cigoto fruto de un óvulo y un espermatozoide, todo nuestro empeño se centra en la digresión ad infinitum. Corremos alejándonos del origen primario, convulsos, ofuscados, dividiendo y soslayando en cada división un trocito de lo que en su día fuimos y no recordamos haber sido.

Sí, la alocada fuerza del desaliento, mientras la tierra juega a traslación y rotación, mareante travesía para la que no sirven ni viáticos ni alforjas…

Buen viaje mi querida familia, allá nos vemos…

viernes, 21 de noviembre de 2014

Cottolengo



No se lo voy a contar, no se lo voy a describir. No puedo y no sé.

Les dejo aquí sus normas para el día a día, puede ser de su interés tenerlas presentes antes de poner el pie en la calle cada mañana.

1.- No valores nunca las apariencias, ni busques compensaciones en la entrega. Sería comercializar el amor.

2.- Se discreto en las conversaciones; es fácil patinar y la intimidad de las personas es sagrada.

3.- No juzgues lo que te desagrada o no entiendes. Pregunta: es más fácil y provechoso. Guarda tus iniciativas y criterios en algo que desconoces en profundidad. Recuerda que has venido a servir y que el Cottolengo es una familia y todas tienen costumbres a las que hay que adaptarse…

4.- ¡Acompaña pero no sustituyas al enfermo en aquello que puede hacer! Recuerda que la eficacia puede ser enemiga del amor y que frente al sufrimiento, el silencio es una forma de compartir. No te sirvas del enfermo para desahogar tus problemas. Jesús vino a compartir.

5.- Procura controlar tus emociones y evitar las miradas de asombro, sé sencillamente amable.

6.- Cualquier servicio que hagas, aunque no esté relacionado directamente con el enfermo, como limpiar zapatos, barrer, limpiar carros etc. es tan importante como darle de comer o acostarlo. Hagas lo que hagas, el servicio al enfermo está presente hasta en las cosas más pequeñas.

7.- Al entrar en el Cottolengo, procura dejar tus preocupaciones fuera. Los primeros tiempos pueden ser difíciles. Todo es cuestión de constancia.

8.- Ven a ayudar a los enfermos en todo lo que puedas, pero sobre todo hazles compañía y conversa con ellos. Tú palabra y sincera amistad serán muy apreciadas.

9.- Excluye de tu trato con los enfermos toda superioridad o paternalismo. No les trates con ternura infantil o como anormales. Tienes mucho que aprender de ellos.

10.- No presentes al enfermo nuestra sociedad de consumo, el mundo “exterior” como “ideal”. Primero, porque no es verdad. Segundo, porque no le ayuda a aceptar su vida sino a envidiar otras. La aceptación es su mayor riqueza y tenemos que aprenderla también nosotros. Tal vez con el tiempo te des cuenta de que el Cottolengo es mucho más “real” de lo que parece.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Poeta



Ayer vi como te cortabas las venas y te desangrabas a versos.

Supe que eras poeta y que podías volver a empezar.