viernes, 23 de octubre de 2015

Vida



Hace años que comenzó su investigación, pero de momento ninguna prueba resulta concluyente.

Por lo demás, abandonada cualquier otra tarea, postergadas las obligaciones que algún día existieron, dedica todas las horas disponibles a la observación, la elaboración de hipótesis y la experimentación. Todo ello para inferir que nada es verdad, pero tampoco definitivamente mentira.

Atento a los noticieros, alimentado por una esperanza tenaz, visita los tanatorios de la ciudad sin mucho orden. Ha creído descubrir en ellos una nueva y fidedigna fuente de información. Recorre salas donde se velan cuerpos inertes por la más variada casuística. Un  medico que se quedó dormido después de la comida y ya no despertó. Una mujer entrada en la cincuentena que se asomó a la ventana de un séptimo para precipitarse al vacío en un visto y no visto. Un atleta que cae fulminado apenas unos cientos de metros antes de la cuesta que conduce a su casa. Un maestro contador de historias que se ve desbordado por la envestida de la enfermedad…

La muerte, sobreviene siempre de repente.

Estudia los rostros incrédulos de amigos y familiares, alelados, afectados por las horas insomnes, con los ojos hinchados, sin llegar a comprender bien qué hacen allí…

¿Qué es la vida?

Un corazón que nazca ahora mismo comenzará a latir sin interrupción en un momento concreto y preciso, perseverará durante años y años, sin detenerse ni un solo instante, superando días y fronteras, alegría y pena, amor y frío, hasta que en un punto preciso y concreto, se frene en seco. Ni un paso más. Hasta aquí. No va más. Y el mecanismo entero que de él depende se va apagando de a poco, mientras la vida…¿qué es la vida?...de repente, ya no está. No comparece ante nosotros.

¿Qué ignotas reglas de la naturaleza rigen esos instantes concretos y precisos?

Alguien se levanta un día por la mañana. Se ducha, se viste, desayuna…camino del trabajo se enrolla en la madeja de sus asuntos…repasa las cuestiones pendientes en los tiempos muertos de la tarea…degusta asolas el almuerzo mientras se deleita con un acontecimiento olvidado de la juventud, que siempre vuelve, sin saber por qué…y ya de noche, cuando sale de la oficina y se encamina de regreso al hogar, una punzada en el pecho, un breve latigazo, le hace sentarse en un banco. Acto seguido la vista se nubla. Continúa un pitido intenso que ensordece el oído derecho. La voluntad, finalmente, se desvanece. Iniciada ya la fuga y despedida, asaltan infinitas instantáneas a un tiempo. Agotadas la sístole y la diástole, una puerta se abre y nuestro personaje avanza un paso para desaparecer del escenario.

Nos queda un cuerpo material que no habla de quien fue. Nos queda la intensa quietud. Deseos insatisfechos. Besos por dar. Un amigo con el que nos enfadamos una tarde de primavera y al que no hemos vuelto a ver. Cosas sin decir que pesan en algún rincón secreto. Un gran amor marchito. Una hilera infinita de etcéteras que se pierden en el horizonte a modo de vías de tren…


¿Qué es la vida?

Esto de aquí y ahora.

¿Qué es la vida?

Uno mas uno igual a cuatro.

¿Qué es la vida?

Un tequierosiempre a destiempo.

Un rápido, rápido, lento, rápido, rápido, lento, len-to, l-e-n-t-o…

¿Qué es la vida?
¿Qué es la vida?
¿Qué es?

Esa ausencia que observo una y otra vez, y no me sabe dar respuesta.

viernes, 2 de octubre de 2015

Puerta



Derrumbado en el sillón, otra vez a las tantas de la madrugada, retrato de naufrago a la deriva en su particular cachivache flotante, hago desfilar los canales por el televisor. Aparentemente, ninguno sufre en exceso por mi falta de aprecio.

Aun permanece ese rastro de calor en el ambiente, traza de la estación que se marchó, así que la ventana del balcón permanece abierta, y desde mis coordenadas en el universo atiendo de cuando en vez a las estrellas, por si alguna tiene a bien descolgarse sobre mi calle.

Luce una luna intolerable, que altera y perjudica mi ánimo.

Por fin, en el canal de noticias, encuentro razones para frenar el baile. Hay quien cruza Europa estos días, desde Turquía, atravesando el este hasta conseguir llegar a Alemania, Francia u otros mundos imaginados que nunca están en éste que pisamos. Vienen andando, avanzan de país en país como si fuesen las estancias de una antigua mansión en ruinas. Las puertas a veces tardan en abrirse, chirrían y se niegan a ceder…

Viendo la cerrazón de algunos dirigentes, que parecen desconocer que a la vida la mueve únicamente la esperanza, me acuerdo de la película La Puerta del Cielo. Convendría que alguno de nuestros próceres dedicase alguna madrugada insomne a su visualización.

El devenir de la historia humana está plagada de conflicto: los de aquí contra los de allá, buenos frente a malos, el blanco pisando al negro, los del sur pugnando para resistir el acoso del norte. Para el conflicto no existen puertas, avanza sobre tierra quemada.

Es hora de apagar la tele y asomarme un momento a la terraza. ¿Qué hora será ya? El viento tibio me hace anhelar a Kris Kristofferson. Ojalá en la calle me esperase un caballo azabache con el que salir cabalgando, directo al amanecer…

A lo mejor es hora de irme a la cama.

Para todos la luz, para todos todo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

viernes, 11 de septiembre de 2015

Matrimonio



El verano declina y la sangre va serenando su brío. Languidecen las hojas de los árboles, entristece el cielo el suelo y, por las mañanas, bien temprano, un aire frío me hace encoger en la azotea.

Todo el mundo vuelve a su rutina. Las calles se colapsan de vehículos. Las aceras se pueblan de estudiantes ociosos repartidos por las terrazas, apurando los últimos rayos de sol en oferta.

Así, de repente, me parece que es una buena época para el matrimonio.

Se trata de una cita que se fue postergando en el tiempo, sin día concreto. La vida se abre camino sin necesidad de papeles. Aun así, soy de la creencia de que a veces, es bueno poner ciertas cosas por escrito. Si no, de qué esta deriva…

Él llega tranquilo con los dos jovenes de la mano; tres el pequeño, cinco la mayor. Viste camisa de lino y pantalón vaquero. Eso sí, la tendencia la marca el pequeño T que luce camiseta de superman. Excelente mañana para un superhéroe.

Ella aparece un poco más tarde. Viene del trabajo. Hoy la dejaron salir un poco antes. Nada más llegar se le hace entrega de un ramo de gominolas.

Somos, además, cinco testigos. Solo dos firmarán dando fe. Nada en esta vida me gusta más que dar fe.

La jueza los recibe con sonrisa. Verifica identidades y comprueba que acuden libre y voluntariamente a la cita. Acto seguido se esmera con la lectura de un par de artículos del código civil.

El trato queda sellado con un beso. De aquí a la eternidad.

Nos repartimos las flores de dulce, se disparan aquí y allá algunas fotos y elegimos un buen lugar para festejar con un trago, completado con un improvisado restaurante italiano.

La fiesta termina pronto. Llega la despedida y de camino a casa me acuerdo de la historia que me contó la novia durante el vermú.

Al parecer estuvo tentada de acudir al enlace con un vestido blanco roto, propio del evento que la concitaba. La prenda está guardada en el desván de su casa. Es de una amiga y cuando ésta se separó de su marido le pidió que se lo guardase. Fue el ex el encargado de hacérselo llegar. Apareció un día por sorpresa con el vestido metido en una bolsa negra de la basura. Lo siento, le dijo al ser consciente de lo que entregaba en prenda, era lo último que quedaba por mudar de la casa y no tenía otra cosa mejor para el transporte.

La pareja se disolvió, cada miembro tomó su camino y mi amiga cumplió fielmente la encomienda.

Así son las cosas. El día más feliz de tu vida puede acabar envuelto en una bolsa de la basura. La existencia es volátil y caprichosa. No existen verdades absolutas.

Camino despacio. Tengo tiempo antes de coger el tren que me lleve de nuevo a casa. Como en una metáfora construida para la ocasión, el sol impetuoso de la mañana se empañó con la entrada de la bruma marina.

Pienso en las cosas que se van y no vuelven. En lo aprendido y desaprendido al cabo de los años.

Me siento como un funámbulo dudando del siguiente paso en su camino por el alambre. Sin red amiga bajo los pies.


Foto: Rocío Brage